lunes, 23 de mayo de 2011

LA LECCIÓN DE PEARL HARBOR

destrucción del acorazado Barham
buque utah hundiendose en Pearl Harbor

LA LECCIÓN DE PEARL HARBOR

Este poema escrito por Maryam Yasminay es un paralelismo entre el descuido de las fuerzas norteamericanas en el puerto de Pearl Harbor y la falta de vigilancia del cristiano en esa guerra espiritual en la que se halla sumergido. El poema es interesante para exhortar a partir de un evento histórico muy tocante: el súbito ataque a Pearl Harbor.



Era domingo y el cielo estaba radiante,
Los marines disfrutaban de ese día franco,
El lomo del mar se arqueaba titilante
Cuajado de portaaviones, acorazados y barcos.
Tal era aquel puerto distante,
Tal era sobre el Pacífico, Pearl Harbor.

Paseaban sobre tierra aviadores e infantes,
La guerra se percibía como un eco lejano…
Desperezábanse sobre cubierta los soldados.
Las impecables armas también descansaban,
Los ojos del vigía oteaban cansados
El horizonte que como un espejo reposaba.
La vida, la luz, la gloria y el poder,
Todos, todos, bullían libremente
Sin miedos ni sombras, sin atinar a prever
Que podría sobrevenirles algún mal inminente.

Nadie sabía, ninguno sospechaba
Que en las cartas japonesas ellos eran el blanco,
En su extraña lengua de nada más hablaban
Los traidores y despiadados nipones comandos:
Un ataque masivo ellos estaban planeando
Contra las descuidadas huestes americanas.

Y aquel día nefasto, día en sangre marcado,
Al rayar la aurora también iban rayando
Sus inicuos caminos submarinos armados
De potentes bombas ansiando los flancos
De los poderosos navíos al puerto amarrados.

Sobre la superficie, paz; calma engañosa;
En las profundidades mil gigantescos peces acerados
Acercándose inexorablemente a las ingenuas costas;

Y al imprevisto zumbido de enjambres mortales,
Oyóse otros zumbidos sobre las infestas aguas,
Eran los torpedos que buscaban las carnes
De la tropas indefensas, de las inofensivas naves.

No pudo el valor en tantas guerras desplegado
Ni la temeridad legendaria la catástrofe impedir,
Sobre el mar quedarían los cuerpos cercenados…
Sobre la tierra, el humo de las ruinas habría de subir.

Pearl Harbor quedó a fuego marcado
En el corazón del pueblo norteamericano,
Símbolo del costo fatídico del descuido,
Emblema de la más repudiable traición.
¡Cómo me recuerda esa gesta histórica
Lo que vivimos diariamente los siervos de Dios!

Nuestra guerra no es un recurso de la retórica
Ni es el eco lejano de la antaña persecución.
Satanás tiende sus cartas y son todos sus blancos
Los príncipes del ejército de Jesucristo,
Aquéllos que le están arrebatando
Las almas de las puertas del infernal destino.

Él arma y desarma, utiliza su compás,
Él tiene soldados a su causa muy leales,
su ataque puede ser salvajemente letal.
No durmamos como aquellos bravos generales,
Duchos en estrategias de gran efectividad,
Al mando de armas mucho más poderosas
Que las que el enemigo pudo contra ellos desplegar,
Y que no reaccionaron porque estaban dormidos…

Recordemos siempre que nuestro Señor dijo:
“velad y orad”, “porque vuestro adversario el diablo
Anda alrededor buscando a quien devorar”,
¡No nos dejemos sorprender por el enemigo
Sabiendo que el poder de Dios en nuestras manos está!

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