martes, 6 de septiembre de 2011

Estaba la Catalina




Estaba la Catalina sentada bajo un laurel,
mirando la frescura de las aguas al caer,
de pronto pasó un soldado y lo hizo detener:
-¡Deténgase usted soldado, que una pregunta le voy a hacer!
¿Usted ha visto a mi marido, en la guerra, alguna vez?-

-Yo no he visto a su marido, ni tampoco se quién es.

-Mi marido es alto y rubio, tan buen mozo como usted,
y en la cinta del sombrero lleva escrito en francés.

-Por los datos que me ha dado, su marido muerto es,
y me ha dejado dicho que me case con usted.-

-Eso sí que no lo hago, eso sí que no lo haré.
He esperado siete años y otros siete esperaré.
Si a los catorce no viene a un convento yo me iré,
y a mis dos hijas mujeres conmigo las llevaré,
y a mis dos hijos varones a la Patria entregaré...

-Calla, calla, Catalina. Calla, calla de una vez,
que estás hablando con tu marido y no lo supiste reconocer.

Y así se termina la historia de una pobre, infeliz mujer,
que hablando con su marido, no lo supo reconocer.

8 comentarios:

  1. me pareció requetecontra gracioso el final yo también tengo un blog si lo quisieras visitar esta es su dirección:

    http://mihistoriachicmisterio.blogspot.com/

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  2. Todas las cosas interesantes, terminan siendo cortas; toda experiencia magnífica, es breve, muy breve. Cuando escuchas a un disertante decir cosas ciertas, oportunas, con gran maestría, tropiezas de súbito con el final... Esta es la realidad. Por tanto, tu comentario es un buen indicador de que esta pequeña y antigua obra es tan interesante y bien redactada que sigue conquistando mentes y corazones. ¡Qué bueno! Ahhh.... Tu blog me pareció muy original. Te deseo éxitos.

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  3. Yessica, francamente, no lo sé. Tal vez algunos de los lectores podría ayudarnos con esto. ¡Saludos!

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  4. Respuestas
    1. Pues... tengo mis dudas... esta es una obra literaria bastante antigua...

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  5. 8=======D odio lengua 8========D

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    1. Es curioso este comentario anónimo. ¿Quién podría odiar la lengua como expresión audible de lo que pensamos, sentimos, deseamos o necesitamos? Y la lengua elaborada, con su ritmo y sus figuras, con sus mensajes profundos y sus proyecciones amplias, sólo puede ser rechazado por quien no ha sido introducido en su estudio en forma inteligente. Odiar la lengua es el resultado no deseado de obligar a las personas a hacer algo que no les gusta; y normalmente no gusta porque su primer encuentro con la lengua no fue bien planificado o fue propiciado por personas que tampoco habían encontrado el secreto de la comunicación.

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Aprecio mucho su comentario. Cordialmente, Mirta Delia.