lunes, 20 de junio de 2011

La mesa del Congreso

declaración de la independencia argentina



En casa de los Aráoz
estuve muy de mañana:
finos dedos me guiaron
y fina voz musitaba.
Allí vi un patio tras otro,
soledad los habitaba.
En uno había un jazmín,
¡Dios, qué jazmín allí estaba!
desde un rincón y de un siglo
diré que se derramaba.
En otro había un gran árbol:
la fortaleza hecha savia.
De pronto se abrió una puerta
y después una ventana.
Érase una habitación
que un solo mueble amueblaba.
Había un olor glorioso
de caoba y remembranza,
que la mesa del Congreso
en el centro palpitaba.
Yo la vi como agitarse
de candelabros de plata,
de carpetas, de tinteros,
de salvaderas colmadas,
de ramilletes de plumas,
de arengas y de plegarias.
¡Oh, la mesa de las mesas
para el Acta de las actas!
Pusimos la mano en ella,
nos retiramos de espaldas,
se cerraron los postigos
y nos fuimos sin palabras.
Me pareció que el jazmín
y la brisa tucumana
a destiempo se cubrían
de una nieve azul y blanca.

Baldomero Fernández Moreno

3 comentarios:

  1. Lo entiendo muy bien... A mí también... Recuerdo esos deliciosos momentos cuando practicábamos sin cesar la poesía para recitarla en público... parece que se agolpan en la memoria los rostros de mis queridos profesores, de mis compañeros, el aroma a escuela, la albiceleste flotando airosa sobre el mástil del patio embaldosado... claro que lo entiendo, lo entiendo muy bien... Es lindo saber que un poema despierta tantas emociones. Mis respetos, Nildigris.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Poema que recite en un acto escolar en el año 1.980...lo repito cuando me viene a la memoria...y me invade la nostalgia del lugar..hasta me parecía estar caminando por esa casa..la de los Araoz

      Eliminar

Aprecio mucho su comentario. Cordialmente, Mirta Delia.