sábado, 4 de junio de 2011

PATRIA, Dramatización para el Día de la Patria en Paraguay

COMENTARIO DE LA OBRA: Esta representación escrita por Mirta de Eisenkölbl es ideal para festejar el Día de la Patria en Paraguay, especialmente cuando se quiere hacer un recuento de los eventos más importantes de su historia. Es una obra que llama a la reflexión, especialmente a los jóvenes, para despertar en ellos un sincero amor a la Patria.


el rostro de la Patria

Una joven llora desconsoladamente. Está de pie y apoya su rostro contra una pared. Dos chicas estudiantes pasan y la miran. Una de ellas hace un gesto con el rostro a su amiga, como diciendo “¿Y ésta?”. La otra se lleva el dedo a la sien y lo gira de un lado a otro, como respondiendo “Está loca”. Le hacen un gesto despectivo y pasan de largo. Otra estudiante pasa, se detiene bruscamente, quiere ayudarle, está a punto de tocarla cuando mira su reloj, hace un gesto como diciendo “¡Qué tarde es!”, y continúa su camino rápidamente. Tras ella pasan una pareja de noviecitos, estudiantes también, tomados de la mano. El joven la mira y se conmueve, se dirige hacia ella sin soltar a su novia, está a punto de tocarle el hombro cuando su novia lo estira bruscamente y se lo lleva a rastras. La joven continúa llorando amargamente. Al fin pasan 3 jóvenes estudiantes conversando animadamente. Al escuchar el llanto se detienen y la miran por un instante, se hacen gestos como diciendo “Hablale vos”. Dos de ellos se encogen de hombros y siguen su camino, el tercero se queda sin saber qué hacer, finalmente la toca suavemente por el hombro.


ESCENA I

MARIO: Perdón… (la joven se da vuelta lentamente, su rostro está cubierto de lágrimas) ¿Te pasa algo? ¿Puedo ayudarte?
PATRIA: ¿Querés ayudarme? ¿De verdad querés ayudarme?
MARIO: y… si puedo…
PATRIA: (Hace como que va a responder pero luego baja los brazos y se sienta sobre un tronco que está a su lado) No se si alguien podrá aún ayudarme… Prácticamente está todo perdido…
MARIO: Quien sabe, por ahí tiene solución. Después de todo “la esperanza es lo último que se debería perder? ¿Verdad?
PATRIA: Es cierto… pero… sos tan chico… tenés tan pocas fuerzas…
MARIO: Bueno… (dobla el brazo y muestra su músculo) Para mi edad, tengo mucha fuerza…
PATRIA: (Suspirando) Me recordás a otros hombrecitos que hablaban como vos. Ellos quisieron ayudarme… Dieron todo lo que pudieron… Por el sacrificio de ellos y de otros como ellos es que continúo viva… aún tengo un nombre, una fama, un honor…
MARIO: Sós muy extraña, muy misteriosa… ¿Cuál es tu historia? ¿Cómo te llamás? (se sienta junto a ella)
PATRIA: (Levantándose con dignidad. Parece una reina, pero lleva el vestido raído y un bolso cruzándole el tórax) Me llamo Patria.
MARIO: (Se levanta bruscamente) ¿Estás bromeando? ¡Nadie se llama así!
PATRIA: Es que sólo hay una Patria.
MARIO: Bueno (calmándose), está bien, después de todo hay cada nombre… fijate que a uno le llamaron “Prepucio”, y uno no tiene la culpa del nombre que le ponen.
(La joven se sienta lentamente. En ese momento se escucha un silbido agudo seguido del grito “¡¡Ejupy!!”que parece provenir de lejos. Mario muestra la palma de la mano como diciendo “esperá”. Luego se sienta junto a Patria)
MARIO: Son mis amigos, no te preocupes por ellos. Continuá con tu historia, me interesa.
PATRIA: Gracias… Nací por amor, por el amor que hacia mí tuvieron unos jóvenes cansados de servir a gente que nada tenían que ver conmigo…
MARIO: (Se levanta confundido) Esperá, esperá un momento. No te entiendo… (parece que de pronto comprende algo) Pero… (sacudiendo la cabeza) ¡No! No es posible. Aunque… Sí… puede ser… (Pensativo y sumamente serio. Finalmente rompe el embarazoso silencio preguntando decidido) ¿Cuándo naciste?
PATRIA: (Con gran seriedad, como sabiendo que ese era el momento más crítico de la conversación) El 15 de mayo de 1811.
MARIO: (Se queda boquiabierto) ¡Es una broma! ¡Me estás tomando el pelo! (justo en ese momento sus amigos se aproximan tímidamente)
PATRIA: Hablo muy en serio. Jamás bromeo.
MARIO: Pero… ¡La Patria no es una mujer! ¡Es una tierra, es una bandera, es un himno! ¡Es la historia!
PATRIA: Sí, es cierto. Pero la Patria también sos vos… son tus amigos… (se sienten descubiertos y no tienen más remedio que unirse al grupo, cabizbajos) Son los que no pueden hablar, y los que no saben hacerlo… son mis peces que mueren en el río… son mis árboles robados de mi tierra… son mis cerros reducidos a la nada, y el agua pura y bendita enturbiada por mercenarios y traidores. La Patria somos todos, pero nadie se da cuenta… (se da vuelta y corre nuevamente a la pared para seguir llorando desconsoladamente. Se cierra el telón.)


ESCENA II

(Los jóvenes permanecen mudos en la esquina opuesta al sitio donde la joven llora)
RAMÓN: Jaha, itavyrai upéa!
JOSÉ: Sí, vamos. Andá a saber si no te están tendiendo una trampa.
MARIO: Si fuera así, ya se habría manifestado… No sé… hay algo especial en ella… algo sublime… ¿y si dice la verdad?
JOSÉ: ¿Te volviste loco, Mario? ¡¿Cómo se va a personificar la Patria?! ¡Es como si creyeras en que los Reyes Magos vienen en persona cada 6 de enero!
MARIO: Pero lo que dice es tan razonable… (todos se quedan en silencio, Patria sigue llorando)
RAMÓN: (Mira a Patria y se siente culpable) Y… vamona a escucharle un poco más, total, ya no nos van a dejar entrar en la escuela…
MARIO: (Mirando a José) ¿Estás de acuerdo, José?
JOSÉ: Bueno.
MARIO: (Contento) ¡Gracias, amigos! (se da media vuelta y se dirige al sitio donde está Patria. Le toca el hombro) Patria… (ella se da vuelta lentamente. Todos sus movimientos son regios, dignos) Mis amigos y yo estamos dispuestos a escucharte. ¿Verdad? (mira ansioso a sus amigos)
RAMÓN Y MARIO: Sí, sí, claro.
PATRIA: Les agradezco (se seca las lágrimas y retorna lentamente a su sitio). Como le estaba diciendo a Mario, nací por amor el 15 de mayo de 1811. Aunque, en realidad (mete su mano en el bolso y saca una especie de relicario), fui amada mucho antes de que naciera el mismísimo Estados Unidos. En aquel entonces, murió por mí un joven noble e ilustre llamado José de Antequera y Castro… (les muestra la foto)
JOSÉ: (Entusiasmado, mientras Ramón agarra el relicario) Sí, sí. La profe nos contó la historia.
RAMÓN: (Mirando la pintura en el relicario) Emañamina, ipora vaecue… Ha’e omano Menandi…
JOSÉ: (Empujándole) ¡Mba’e imenandi!
PATRIA: Añetete oheíva. Omano avei upéro Juan de Mena, cherehe rupi… (Ramón se agranda. Patria recoge el relicario y saca un trozo de hierro) Cuando fui bebé me pusieron en cuna de hierro porque muchos querían secuestrarme, e inclusive matarme.
JOSÉ: (Mirando a sus compañeros) José Gaspar Rodríguez de Francia lo hizo.
PATRIA: En poco tiempo, gracias a su celoso cuidado, me hice fuerte. (Mete el hierro y saca una pluma) La belleza me llegó por el gobierno sabio de otro gran hombre…
RAMÓN: ¡Don Carlos upe’a!
JOSÉ Y MARIO: (Al unísono) ¡Shhh!
PATRIA: Durante su gobierno me convertí en una envidiable princesa. Aún la augusta Inglaterra me miró con recelo cuando obtuve, después de ella, el 2º puesto mundial en calidad de hierro. Y no era para menos, entonces yo producía mi propia tela, y en mi fundición se fabricaban mi azada y mi cañón. Me convertí en un verdadero peligro para todos los que tenían algún interés sobre estas zonas. Mis hijos eran fuertes e ilustres… Mi tierra era pródiga en frutos… La palabra, la ciencia, la cultura y los altos ideales eran difundidos en las páginas del Paraguayo Independiente, mientras que el tren, el gigante de hierro que conmovía los cimientos de la América, todo un boom tecnológico en esa época, cruzaba mi extensión uniendo los pueblos. El horizonte del futuro se abría ante mí como una grande y ancha sonrisa… (suspiro y silencio) Entonces…
RAMÓN: ¡Entonces el Mariscal lo fundió todo!
JOSÉ: Sí. (Con seriedad) Si no hubiera sido por él…
PATRIA: Si no hubiera sido por él, tal vez yo ya no existiría… Él fue un gran hombre, sé que es muy criticado, pero a los grandes protagonistas de la historia hay que juzgarlos por las circunstancias de su tiempo. Él hizo todo lo que pudo por mantener mi grandeza, sin embargo, nadie puede sostenerse en pie cuando hay un poderoso acuerdo para destruirte… Pese a que fui arrancada de mi sitial (saca una pistola de madera y la mira largamente), fue precisamente en aquella negra y fatídica hora cuando recibí de mis hijos las más grandes muestras de amor… (De pronto mira a los jóvenes con ternura y con dolor) Ellos, mis pequeñitos, murieron en Acosta Ñu por no entregarme a los extranjeros. Defendieron con sus vidas cada palmo de terreno con la esperanza casi cierta de que los paraguayos que vendrían después de ellos devolverían al Paraguay la gloria que le fuera arrebatada… Si ellos supieran… Si mis combatientes, ancianos, padres de familias, mujeres de aquella guerra, y la juventud floreciente que derramó su sangre durante la Guerra del Chaco, supieran lo que hoy está pasando… les costaría entender que esta generación tiene su misma sangre… (gime. Los jóvenes la miran. Se miran unos a otros, de sus ojos brotan lágrimas, finalmente agachan la cabeza y los cuatro se quedan llorando. Se cierra el telón).


ESCENA III

MARIO: (Levanta la cabeza y se enjuga las lágrimas) No te preocupes, Patria (está muy concentrado, no se da cuenta que en el lugar de la joven hay una bandera en su mástil), mis amigos y yo (ellos también se enjugan las lágrimas), aunque somos demasiado jóvenes, haremos lo que esté a nuestro alcance para engrandecerte. ¿Verdad?
JOSÉ Y RAMÓN: Sí, sí
MARIO: Va a ser difícil y no te prometemos mucho porque no tenemos mucha fuerza, pero estudiaremos para ser ciudadanos más dignos de ti. Demostraremos al mundo de qué está hecho el paraguayo. De garra, de amor y de honor. Ese honor que inflamó la vida de nuestros mayores en el altar sublime del sacrificio patrio.
RAMÓN Y JOSÉ: (Extendiendo los brazos al cielo, con los puños cerrados) ¡Sí!
MARIO: (Mira de pronto hacia el lugar donde debería estar la joven) ¡Patria! (mira hacia todas partes, camina de un lado a otro. Ramón se aproxima al mástil donde cuelga la bandera, lo toma y lo coloca en el centro. Todos lo siguen con la mirada).
RAMÓN: (Acariciando la bandera) Ajiijaranga, Patria…
JOSÉ: (Alzando los brazos) ¡Esto es cosa de locos! Porque… ¿vos escuchaste lo que yo escuché? (pregunta a Ramón)
RAMÓN: ¿Lo que dijo Patria mientras sacaba de su bolsón’i las cosas?
JOSÉ: (Con rostro enajenado) Sí, es verdad… ¡No fue un sueño! ¡En realidad pasó! (se agarra la cabeza) Pero esto no tiene sentido. (En ese momento pasan las 4 chicas y el muchacho que ignoraron el llanto de Patria. Aquí se puede añadir otro personaje, si lo hubiere. Ramón esconde tras de sí la bandera)
CHICOS: ¡Hola, muchachos! (María mira a Ramón y se dirige directamente a él)
MARÍA: ¿Qué escondés, Ramón?
RAMÓN: Nada, nada (suelta la bandera, Mario la agarra de un salto, la sacude, arregla sus pliegos)
TERESA: Nangana, Ramón, ahora le vas a querer tanto a nuestra bandera después de todo lo que dijiste ayer de nuestro país.
RAMÓN: (Avergonzado) Yo… no sabía lo que decía… Lo hice por ignorante…
CARMEN: Pero… ¿Qué hacen ustedes aquí? ¿Por qué no fueron al colegio? La coordinadora preguntó por ustedes y… para mí que llamó a tu casa, Mario.
RAMÓN: ¡Nde! Estás en problemas, che ra’a (le da unos golpes en el hombro)
MARIO: (Como para sí) Nuestro país es el que está en problemas… (los recién llegados se miran unos a otros. La misma que se llevó el dedo a la sien indicando locura, repite el gesto).
TERESA: ¡Hoy sí que todo el mundo está loco, está raro, está “imprevisible”, heihaicha ñande mbo’ehára!
JOSÉ: Sí, pero… ¿qué podemos hacer nosotros?
TERESA: Y “yo” digo (dando una entonación porteña) que podrían inventar un accidente, un robo, un secuestro, che.
RAMÓN: Ekiriri, Ekiriri, Ekiriri, Teresa. Nosotros tenemos aquí una conversación reverente.
JOSÉ: Relevante, Ramón, relevante.
RAMÓN: Reverentemente relevante. ¿Vos pio pensás que yo soy tan tavyra’i mba’e?
CARMEN: ¡Ay! (Haciendo un gesto de impaciencia con la mano) Éstos están… están raros. Vamos, ya se les va a pasar. (Se van, el joven novio se queda mirando a sus compañeros, de pronto vuelve al escenario su novia, quien lo toma de la mano y se lo lleva a la fuerza).
RAMÓN: (Da unos pasos en dirección al sitio por donde salieron todos, y con las manos en los bolsillos grita) ¡Sí, andate nomás, “dominado”! (retorna a su lugar, encuentra a sus compañeros sentados en el tronco, él se sienta con ellos y se queda en silencio)


ESCENA IV

(Se ve otra vez a los jóvenes agachados, de pronto Ramón se levanta decidido)
RAMÓN: Nambréna, ya no da más gusto esto. Me voy a jugar fútbol en la canchita.
JOSÉ: Sí, vas a jugar al fútbol, vas a chupar hasta morirte, vas a decir estupideces como todos los demás.
RAMÓN: ¿y qué? Ustedes también lo hacen…
MARIO: No, eso ya se acabó. Se acabó el tiempo de despilfarrar la vida…
RAMÓN: ¡Nde, te amargó la Patria!
MARIO: No me amargo, me despertó, me despertó a la realidad…
JOSÉ: ¡Y qué realidad!
RAMÓN: Pero… ¿Acaso lo que hagamos podrá cambiar en algo a nuestro país? Déjenle eso a los gobernantes, a los tahachis, a los maestros, a los curas y pastores, no es nuestra responsabilidad.
JOSÉ: Ya escuchaste a la Patria, la responsabilidad es de todos.
RAMÓN: Pero nosotros, nosotros somos muy jóvenes, casi unos niños
MARIO: Como aquéllos que ofrecieron su vida en Acosta Ñu y dejaron una lección que nadie pudo borrar… Yo, por mi parte, estoy decidido a cambiar la dirección de mi vida. Voy a dejar de ser el juez implacable para convertirme en un agente de cambio, comenzando con mi propia vida. Voy a hacer lo correcto, con la ayuda de Dios, y me esforzaré por ser un buen ejemplo en todo lo que haga.
JOSÉ: ¡Yo también!
MARIO: Lo primero que voy a hacer es arreglar mi situación en el colegio. ¿Quién me acompaña?
JOSÉ: Yo.
MARIO: (Dándose la vuelta) Vamos, entonces.
RAMÓN: (Corriendo detrás de ellos) Esperen, amigos, yo también, yo también quiero hacerlo.
PATRIA: (Radiantemente bella) Dios les ayude a cumplir lo que se propusieron. Si todos los paraguayos se propusieran lo mismo que estos jóvenes, en los distintos sitios en donde estén, nuestro país dejaría de ser una nación subdesarrollada para convertirse en la joya del corazón de América.

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