martes, 10 de marzo de 2015

El Amazonas



Padre río, que avanzas al Oriente,
Opulento, magnífico Amazonas,
Que de vírgenes lianas te coronas
Y el sol del Ecuador besa en la frente: 

¿Cuentas al porvenir con voz rugiente?
¿Ser libre, como América, ambicionas?
¿Monarca augusto de invioladas zonas,
Que Dios nos habla en tu rumor potente?

Atraviesas florestas tropicales,
Y del Ande ceñidos por las brumas
Se desploman tus férvidos raudales.

Cunde en los bosques tu tronar lejano,
Y arrojando a su frente tus espumas
Haces retroceder al Océano.


Leopoldo Díaz

viernes, 6 de febrero de 2015

En la casa de mi abuela



Al portal deslucido
de un hogar hecho sombras,
donde no juegan los niños,
donde un viejo gato engorda,
satisfecho de mimos,
su pereza redonda;
silenciosamente me arrimo,
cual si fuera un fantasma,
bajo los tentadores racimos
de la retorcida parra.

"¿Dónde está? ¿Dónde ha ido?"
Mi respiración se agita.
"¡Qué importa si hago ruido!"
-¿Dónde estás abuelita?
¡Que para poblar de risas
tu ancianidad he venido!
¡Yo sabía que arrancando quejas vanas,
bajo el alero de siglos,
en la mecedora estabas!

-Déjame contemplarte absorta,
navegar por las blancas ondas
de tus finísimos cabellos cortos,
hundirme en tu arrugada mirada
y ver en el azul de tus ojos
el resplandor de un cielo glorioso.

Déjame llenarte de mimos,
y escucharte hablar de los tiempos hermosos
cuando mi padre era, como yo, un niño...











Mirta López de Eisenkölbl

La canción del camino



Aunque voy por tierra extraña
Solitario y peregrino,
no voy solo, me acompaña
la canción en el camino.

Y si la noche está negra,
sus negruras ilumino:
canto, y mi canción alegra
la oscuridad del camino.

La fatiga no me importa,
porque el báculo divino
de la canción hace corta
la distancia del camino.

¡Ay triste y desventurado
quien va solo y peregrino,
y no marcha acompañado
por la canción del camino!


Himno al árbol (fragmento)



Árbol hermano, que clavado
por garfios pardos en el suelo,
la clara frente has elevado
en una intensa sed de cielo.

Árbol que anuncias al viandante
la suavidad de tu presencia
con tu amplia sombra refrescante
y con el nimbo de tu esencia.

Árbol diez veces productor:
el de la poma sonrosada,
el del madero constructor,
el de la brisa perfumada,
el del follaje amparador.

Hazme en el dar un opulento.
¡Para igualarte en lo fecundo
el corazón y el pensamiento
se me hagan vastos como el mundo!

Y todas las actividades
no lleguen nunca a fatigarme;
¡Las magnas prodigalidades
salgan de mí sin agotarme!

Árbol que no eres otra cosa
que dulce entraña de mujer,
pues cada rama mece airosa
en cada leve nido un ser.

¡Haz que a través de todo estado
-niñez, vejez, placer, dolor-
asuma mi alma un invariado
y universal gesto de amor!

Gabriela Mistral

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Laetitia (Alegría)



Con tu sonrisa embelleces
y haces tus quince lucir;
te lo habrán dicho mil veces:
blanco pimpollo pareces
que se comienza a entreabrir.

Sobre tu seno palpitan
no sé qué lumbres dudosas;
cuando tus formas se agitan,
a respirarlas incitan
como un manojo de rosas.

En tu infantil hermosura,
llena de vivos sonrojos,
hay tal hechizo y frescura,
que hasta la luz es más pura
en el cristal de tus ojos.

Cuando caminas, tu traje
hace susurro de espumas;
y, por rendirte homenaje,
de tu sombrero en las plumas
canta la brisa salvaje.

Los que te miran pasar
con esa audacia triunfante
y esa sonrisa sin par,
juran, al ver tu semblante,
que tú no sabes llorar.

Juran verdad.  ¡Pues mejor!
¡Fuera pesares y engaños,
y no contraiga el dolor
esos dos labios en flor
donde sonríen quince años!










Rafael Obligado

viernes, 12 de septiembre de 2014

Cuando el vivir se vuelve un arte




Vivir se ha vuelto un arte,
Un drama sangriento,
La búsqueda agonizante
De mantener un equilibrio cierto
Ante las fauces voraces
De un público hambriento
De tu sangre y de tu carne…

Vivir se ha vuelto un arte,
Cuando el campo que recorres
Esconde minas mortales,
Y con razón o sin razones
Han sabido lastimarte,
Tornando tu andar torpe,
Expuesto a la ruina y al desastre.

Vivir se ha vuelto un arte,
Cuando deberías morir
Pero a la vida quieres aferrarte,
Sin torcer el brazo ni sucumbir
Ante la mediocridad infame
Que el ingenio quiere destruir,
Que la libertad quiere coartarte,
Que tu singularidad quiere hundir
En el lodo miserable…

Vivir se ha vuelto un arte,
Cuando transitas sola en la vida,
Sin que nadie pueda respaldarte,
Porque a nadie descubres tus heridas…
Y ya no tienes en quien apoyarte

Para animarte y buscar juntos alguna salida…

Maryam Yasminay

jueves, 7 de agosto de 2014

Hay silencio en el alma



Hay silencio... silencio en el alma,
un nudo apretado en las entrañas...
una sensación de que algo ha muerto,
e ignorar qué del todo ahora es nada...

Hay silencio... y lejanía... y desesperanza...
hay la sensación frustrante
de haber dado voces en la montaña
para solamente uno mismo escucharse,
y saber que nadie oyó de ti una palabra...

Hay tristeza, y silencio, y un sabor a hiel en la garganta...
hay la inmensa desazón de querer sujetar un algo que amas,
y sentir que las fuerzas te faltan
para evitar que en el abismo del olvido al fin caiga...

Hay tanto amor como tristeza en el corazón...
Hay... hay tanto que es nada,
hay nada que es tanto,
Hay en mi alma tan profundo dolor
que nadie puede ni podrá minimizarlo,
salvo tú, que prefieres ignorarlo...

Hay silencio en el alma...
hay un agudo y angustioso quebranto...

Delya Debaires


domingo, 18 de mayo de 2014

Yo quiero

















Quiero, yo quiero
En un esfuerzo soberano,
Erguirme sobre las puntas de mis pies,
Y  extendiendo firmemente mis brazos,
Juntar sobre mi cabeza mis manos,
Y como una enhiesta flecha,
A todos mis sentidos convocar,
En la superficie abierta
De mi sensible piel,
Y danzar,
Como si sólo yo existiera,
Como si fuera llama
Que en cada flexión arrebatada
Incendie cada una de las páginas
Que escribí con la sangre preciada
De mis muchas lágrimas…

Quiero con cada giro arrancar
Cada palabra en mi alma plantada,
Cada sonrisa, cada mirada,
Cada siempre y cada nunca,
Cada sensación exaltada
Que en mí se supo implantar
Hasta que quede nada…
Nada de nada…
Nada que recordar,
Nada que ignorar,
Nada que amar,
Nada que odiar,
Nada que desear,

Nada que llorar…

Maryam Yasminay

jueves, 12 de septiembre de 2013

Las personas se van

















Las personas entran y salen de tu vida,
Como nubes blancas, como golondrinas,
Llenan de su singularidad tus días
Y luego parten dejando gran herida…
Las personas vienen y van,
Son rostros en tus recuerdos,
Son una inspirada frase que siempre germina
En algún profundo surco del cerebro…
Son una blanca y tibia sonrisa
En tus retinas cansadas,
Un cálido abrazo, una caricia,
El sacrificio inmenso del alma
Que junto a la tuya está apegada…
Las personas vienen y van,
Algunas no vuelven más…
Pero te dejan la bendita seguridad
De que en el Cielo las volverás a hallar…
Las personas vienen y van…
Y a veces… es tan difícil aceptar
El desarraigo del afecto,
La separación, el nunca más,
El quedarte sola, mirando el suelo,
Con un hueco que no puedes llenar…
Las personas vienen y se van…
Un día también llegará
Cuando tú misma seas hueco en otra vida,
Y de ti solamente dependerá
Que te lloren o que te quieran echar,
Porque todas, todas las personas,
Vienen y siempre, pero siempre, se van…


Mirta de Eisenkölbl

sábado, 27 de octubre de 2012

La Señora de las Navidades

LA SEÑORA DE LAS NAVIDADES En memoria de Adela Hacker Eisenkölbl 4-agosto-2012
Si alguien simbolizaba una exquisitez culinaria, esa era Adela. Ella le daba el toque a los eventos y las cosas, cuando de comida se trataba. Su vida no había sido fácil. Había sufrido muchísimos sinsabores y limitaciones económicas, pero Dios le había dado un gran motivo para vivir: su hijo Carlitos. Por él luchó, para él vivió, todo lo hacía por él. Así que, aunque tuviese a la mano un puñado de harina, sal y algo de aceite, ella se las ingeniaba para hacer algo realmente sabroso. No había barreras para Adela… Tenía un temperamento difícil. Y es que así son todas las personas con capacidades excepcionales. Cuesta entenderlas, cuesta compartir con ellas, pero cuando tienes la suficiente hondura de alma y te das cuenta del valor de las personas, minimizas lo que los demás agrandan, ignoras lo que a los demás alejan y entras en el mundo de las grandes personas, cerrado para muchos, enriquecedor como pocos. Mi vida fue enriquecida con la vida de Adela. Ella había sido amiga íntima de mi suegra. Sabía de ella secretos velados para la mayoría, por eso, cuando murió dejando ocho hijos, Adela los acogió y les dio el amor de madre que necesitaban. Con sus escasos recursos hizo lo posible por alegrar la vida de los que amaba, por eso ellos la recuerdan como “la señora de las Navidades”. No podía pasar una Navidad sin las deliciosas y variadas galletitas de Adela. Galletitas de anís, galletitas de coco, ¡galletitas de jengibre! (¿Tendré la dicha de probar nuevamente esa exquisitez?)… Adela sabía amar… Aunque su extremo sentido de la realidad, con toda su crudeza, espantaba a muchos, uno podía leer en sus preguntas formuladas casi como al descuido, en la atención que le ponía a las cosas, en el interés súbito que manifestaba, su amor y su preocupación. Yo la entendía… era mi amiga… sabía obviar sus respuestas irónicas, callaba ante sus justos reclamos, la cubría con lo que necesitaba: el abrazo afectuoso de una hija, el “te quiero” sincero en el momento oportuno. Adela era como la suegra que nunca tuve y que (contra lo que muchas de las mujeres desean) siempre quise tener… Adela Hacker Eisenkölbl era el archivo más grande que teníamos de la historia de los Eisenkölbl. Era mi sueño compartir madrugadas con ella tomando mate y escribir lo que sabía. Pero la vida pasa inexorablemente y te hace pagar lo que no hiciste a tiempo. Ahora el libro se cerró y toda su riqueza quedó guardada para siempre jamás. Los Eisenkölbl perdieron muchísimo con su partida… Mi hija de diez años dijo: “Mamá, quiero que sepas, que aunque pasen los años, nunca, nunca tendré otra tía mejor que la tía Adela…” Pero también agregó: “¿Sabes qué es lo malo de todo? Que después que te mueres, y el tiempo pasa, te olvidas del rostro de las personas, te olvidas de cómo eran en su interior…” Es una realidad amarga. Pero hoy es hoy, y el mañana es lejano e incierto. Hoy quiero recordar a esta gran mujer y expresar lo que siento para que, cada vez que la recuerde, este momento vuelva fresco y nítido a mis pensamientos y mi sentir. Adela se ha ido, pero… ¡la volveré a encontrar en los Cielos! Porque ella tuvo la suficiente inteligencia de reconciliarse con Dios por Jesucristo, cuando aún era tiempo. Por eso, aunque la partida sea traumática y sumamente dolorosa, como todas las partidas a la inmortalidad, queda el suave y consolador perfume de la inefable palabra divina que asegura: “el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”. Voy a extrañar a Adela… ¡Cómo la voy a extrañar! Con el cariño de una casi hija, Mirta López de Eisenkölbl